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Pesca Submarina en Melilla

La costa africana del Mediterráneo tiene dos ventajas muy importantes para el pescador submarino. Por un lado estamos hablando del mar que ha sido la cuna de la caza submarina y posiblemente el más bonito para practicarla. Por otro lado existe mucho más pescado que en la costa europea, ya que la pesca industrial no esta tan avanzada técnicamente y casi nadie practica la submarina. En este artículo presentamos parte de las experiencias que hemos vivido tres amigos pescadores, Antonio, Javier y Fernando, durante diez días en Melilla en Agosto de 1994.

La organización y el presupuesto.

Organizar este tipo de excursiones es para los amantes del riesgo y de los problemas. La sincronización de vacaciones y la compenetración de los integrantes, los pasajes de ferry, las plazas de hotel, el transporte y atraque de la barca, la obtención de los permisos de pesca, la indagación sobre las zonas y los posibles guías, etc suponen problemas que se pueden solucionar, pero ¿ y si luego hace mal tiempo ? . Lo mejor es planificar con antelación y optar por las soluciones menos arriesgadas. Al contrario que en las líneas del estrecho, en los ferries a Melilla se pueden realizar reservas y rebajar la posibilidad de quedarse en tierra por las colas del verano. El problema no son los pasajeros, para los que suele haber plazas, sino el indispensable coche y la embarcación a remolque. Disponer de una buena barca es esencial para disfrutar de las expediciones de pesca y es muy problemático disponer de una en la plaza. El trayecto de ferry Almería-Melilla dura algo más de seis horas y el viaje de tres personas con coche y barca supone unas 90.000 pts ida y vuelta.

El hotel en Melilla es más caro que en la península y si el viaje coincide con una jura de bandera deben preveerse problemas para obtener plazas. Para tres personas deben presupuestarse un mínimo de 12.000 pts./día en una habitación triple sin más lujo que la limpieza y el aire acondicionado.

El permiso de pesca deportiva es un asunto importante, que en Nador y en el mejor de los casos consumirá una mañana y en general al menos un día. Hay personas que han tardado tres días y a otros a los que no se lo han dado. Pasar la frontera Melilla/Marruecos puede llegar a suponer dos ó tres horas en cada sentido y luego hay que conseguir un certificado médico (que no son standard como en España), un seguro de responsabilidad civil específico para la práctica de la pesca submarina, fotos, fotocopias de pasaportes, etc. Lo que cuesta puede variar por múltiples factores, pero un cálculo razonable puede ser 7.000 pts/persona para el período mínimo de seis meses. Es también aconsejable, y en otros lugares imprescindible, presentar la documentación deportiva española en regla.

La probabilidad de ser requerido por una patrullera marroquí es pequeña, pero si se pesca desde tierra los "mehani" o vigilantes apostados cada medio kilómetro de costa la exigirán siempre. En el supuesto de ser requerido y no tener documentación las consecuencias variarán de un saludo y el consejo de que se obtenga a la detención de los ocupantes, su ingreso en prisión, la imposición de una cuantiosa multa y la inmovilización del equipo, barca incluida. La recomendación clara es tener siempre los papeles en regla. Conocidos pescadores españoles han estado retenidos en los calabozos marroquíes por infracciones que en España se considerarían administrativas.

Finalmente, si alguna parte del equipo se rompe, el mejor surtido de material y de consejos sobre pesca submarina lo tiene la tienda de deportes "GARNICA", centro de reunión de pescadores de muchos kilómetros a la redonda. Son aconsejables trajes "especial pesca" de tres milímetros, fusiles potentes de 90 con varilla de mínimo 6,5 mm. e imprescindible el carrete. Llevar un gancho sacameros también es muy útil.

Lo que es imprescindible colgar de la boya en excursiones de pesca de esta importancia es la cámara para hacer fotos submarinas y en un ambiente marino que no aguanta una cámara normal. Ya se consiguen por un precio asequible las carcasas estancas para cámaras desechables. Al precio hay que añadir su aguante a los golpes y la posibilidad de bajar con ella muy profundo, por su tamaño reducido. Nosotros hemos usado una IKELITE AQUASHOT II de Tecnomar. Es la mejor forma de que los compañeros se crean las piezas que decimos haber capturado ¡ no les queda mas remedio !) y de recordar la costa, el sol, el mar no familiar, ... merece la pena

Dónde comenzar a pescar.

Respecto a las zonas de pesca, los alrededores de Melilla guardan un gran parecido con la zona de la manga del mar menor, lo que puede dar pistas a los que conozcan la pesca en el Cabo de Palos. Existen múltiples lugares donde ir aunque la pesca con artes ilegales ha desalojado el pescado de algunos de los más prometedores. Debe avisarse que la carta marina española es de la década de los treinta y no muestra bajos que deberían estar marcados.

El viento reinante es esencial para la pesca y las peores condiciones se dan con levante, capaz de crear mucha mar ya en la bocana del puerto. Cuando sopla este viento hay que dar la vuelta al cabo, en un molesto viaje de ocho millas, para encontrar zonas en calma en la cara oeste. Con poniente se pesca en la cara este. Lo mejor es la calma o norte/sur flojo, que permite ir hacia Punta Negri al oeste o hacia Karia al este.

Saliendo del puerto y mirando hacia el mar, a la izquierda se tiene la cara este del cabo. Cerca de su punta se encuentran "los farallones" y la cercana "laja lupiana", lugares de excepción para la pesca pero en los que se usa dinamita, denominada localmente petardo o bomba. Toda esta costa pegada al cabo puede dar abadejos y meros de hasta 3-5 kg. si se pesca por debajo de los trece metros. No es aconsejable acercarse mucho a la costa para evitar a los posibles petarderos y los requerimientos de los aburridos "mehani".

Los farallones, y todavía más la laja lupiana, aconsejan poder pescar con facilidad a al menos 18 m. de fondo en un entorno de paredes casi lisas con pendientes del setenta por ciento que caen hasta los 20-40-60 m. Hay que poder llegar a los desmontes y piedras que ofrecen refugio a los meros y disfrutar de caidas submarinas preciosas. También son inútiles las esperas por encima de los 15-18 metros ya que hasta los veinte el mar y la corriente a eliminado los posibles refugios del pescado y sólo hay agujeros en los repechos.

Otra zona que hace poco tiempo fue excepcional, pasada la mar menor existente a la derecha de Melilla y denominada Karia por la población costera marroquí del mismo nombre, esta ahora muy castigada por la pesca con compresor (narguil), denominado localmente "negrí". Embarcaciones marroquíes han pescado orejas de mar, dátiles de mar y pescado con el negrí en los últimos años y es difícil encontrar vida en los mejores roqueos hasta la profundidad operativa de este sistema (al parecer 16-18 m). En esta zona es difícil encontrar más de diez metros de visibilidad pero algunos fondos son excepcionales. Hay lugares donde uno espera oir múltiples "bums" de enormes meros o afronta cuevas en las que se necesitarían las largas de un coche para iluminar bien el fondo. La presencia exagerada de sarguitos y crías de mero demuestra que sus padres estuvieron allí hasta que fueron pescados. Con semejantes grietas, con aguas turbias y con el enorme terreno de pesca la única forma de haber llegado a esa situación es por las 6-8 lanchas con 4-6 pescadores cada una que se ven diariamente cuando uno recorre los 6 km. de franja costera. Aún así, si se sondean buenas piedras, pero no de las mejores, se encuentran algunos bonitos meros de 5-7 kg. a los que costará mucho capturar porque están muy instruidos o en cuevas en las que los profesionales no se atreven a tirarles.

La seguridad debe ser total.

Como se ha visto, se trata de una pesca profunda en la que es imperativo contar con el mejor sistema de seguridad. Nosotros siempre que hemos pescado por debajo de los 18 metros o con visibilidad reducida lo hemos hecho en estricta pareja, con el máximo contacto visual, con inmersiones alternadas, llevando la boya conectada al cinturón y con un tercero en la barca o como mucho sacando fotos. No hemos utilizado peso variable (péndulo) y aún así nos hemos divertido muchísimo hasta los 20-25 m. Nunca será suficientemente repetido que la pesca submarina por debajo de unos pocos metros es un deporte de alto riesgo y que en la profundidad sin máxima seguridad está aguardando el accidente. Abunda el pescador habitual, no concienciado y con capacidad para pescar a más de 15-20 m. que puede relatar situaciones muy comprometidas. En nuestro grupo de amigos hay experiencia de varias muertes por ahogamiento post-síncope y la conciencia clara de que bajo ningún concepto debe llegarse a esas situaciones. Un riesgo añadido es la deficiente asistencia sanitaria en Africa.

Estamos satisfechos de no haber tenido ninguna subida forzada. En una excursión anterior tuvimos una subida sin cinturón desde 18,5 m. por principio de calambre en una pierna desenrocando un mero. Todo transcurrió a la vista del compañero, que bajó a recuperar el cinturón. Si hubiese sido desde mas agua y con la apnea finalizada la situación se habría complicado y hubiese bastado un enganche imprevisto al fondo con la linterna, las aletas, etc para tener un problema MUY grave.

En el cabo suele haber marea o corriente, de moderada a molesta, que se acentúa en las zonas ideales para la espera al dentón y al pez limón. En verano también hay una especie de secreciones como si fuese gelatina, denominadas localmente "lipón", que están a medias aguas y que comprometen totalmente la visibilidad. Aunque el agua en sí esté clara, no se ve a más de 10-12 m. con lipón medio, que es cuanto más peligroso porque se acentúa a medida que se acerca uno al fondo, creando una falsa sensación de visibilidad en superficie que impulsa a descender profundo. Hay que andar con cuidado, sobre todo en los bajos en mar abierto, ya que como la profundidad a la que se encuentra el fondo varía mucho y éste no se ve desde arriba, muchas veces te encuentras pasando los 18-20 m. sin ver el fondo y en ese lipón espeso no sabes si el fondo se verá en los próximos metros o si estás descendiendo en el abismo. Es aconsejable llevar un profundímetro fiable para cerciorarse de que se está dentro de la profundidad adecuada en pleno descenso. En ocasiones en el fondo no había más de 3 m. de visibilidad y el lipón venía dentro del río de corriente fría creando un ambiente tétrico.

Ojalá hubiese mucho lipón todo el año, porque dificulta mucho el uso de las redes pelágicas de deriva o volantas. Las redes se cubren de esta gelatina y los peces las ven como una muralla, escapando indemnes de un sistema de captura que devasta las poblaciones de peces espada, peces limón, atunes, delfines, tortugas, etc

Pesca en el bajo no marcado.

Una parte importante del viaje es la obtención de información estratégica sobre las zonas de pesca. Afortunadamente nos encontramos con personas que nos ayudaron en todo lo que necesitamos, especialmente Andrés y Mohamed.

El primer bajo que nos mostró Mohamed no está marcado en la carta, se encuentra a 1 milla de la costa más cercana y a 15 de Melilla. Es un picacho que sube desde un fondo fangoso y turbio, situado a 55-65 m., con la cabeza a quince metros. Quienes han bajado al fondo han oído muchos coletazos de meros. El casquete por encima de los veintitres metros de agua no tiene más de 35 m. de diámetro, y el lateral de tierra cae a pico hacia el fondo. Si uno se asoma a su cornisa, situada a dieciocho metros, sólo se divisa la pared vertical que se difumina en el marrón, no en el azul. La localización requiere marcaciones precisas y aguas claras o sonda por el minúsculo tamaño de la plataforma. Su principal problema es que lo pescan con dinamita ilegalmente y el pescado es muy asustadizo.

Es un lugar no recomendable para cardíacos, ya que se han visto nutridas bandadas de peces limón de magnífico tamaño. Se capturan dentones capitanes de 14 Kg. al chambel y hay buenos abadejos que remontan la pared de mar abierto.

Después de las primeras inmersiones de localización sin traje la situación tiene algunas complicaciones menores. Hay una corriente de un cuarto de nudo que molesta y en superficie se intuye la piedra desnuda a 17 m porque el cabo amarillo de la boya la marca. A más profundidad no se intuye nada. El lipón permite bajar bien en aguas libres pero se condensa muchísimo por la corriente que sube lateralmente por la pendiente.

Se impone una preparación larga para una espera a 19 m. a las 9:30 de la mañana, a la que seguirán varias más añadiendo un metro de cada vez. No menos de tres minutos de recuperación si no queremos consumirnos antes de las 10:30. Primera bajada con algún movimiento de pescado a la altura de los menos veintitrés metros. Un abadejo de 1,5 kg. desaparece hacia abajo. Hay un óvalo de arena a -19,8 m. con sólo un 30% orientado hacia la pendiente y con un canal abierto al terraplén. Realizo una espera tentando a invisibles abadejos o dentones. No hay movimiento en la primera espera corta. Javier está preparado y Antonio está buscando un sitio que le guste. Javier avisa en su subida sobre un abadejo grande hacia mar abierto. Bajo y me poso cerca del claro, pero un metro más arriba para ganar segundos de espera. Miro hacia la derecha imperceptiblemente, nada. Regreso la vista a la izquierda y se materializa un pez limón de 25 a 30 kg. que llevaba allí medio segundo. Avanza despacio de izquierda a derecha fuera del alcance, a un metro por encima de la vertical de la cornisa. Nos seguimos con la vista. Debería haber entrecerrado los ojos para generar más curiosidad pero era precioso, potente, plateado con una línea amarilla brillante. Quizá al ir solo no se decidió a acercarse. Si hubiese estado más cerca de la cornisa y el hubiese hecho la misma trayectoria podría haberlo alcanzado. Recorrió seis o siete metros delante de mí y descendió tan rápido como ascendió. Sólo le faltó decir "hasta la próxima".

En posteriores inmersiones Javier arponea un abadejo gitano pero no se ve ningún dentón. No estábamos para esperar a más fondo ni para localizar dos cuevas a 25 m. que suelen tener un mero. Demasiada agua para primera hora de la mañana. La próxima vez iremos al atardecer y con varias horas de calentamiento, cuando ya nos funcione el "reflejo de inmersión".

Sondando la zona de Karia.

La primera salida de pesca hacia el este decidimos realizarla con la carta náutica y la sonda. El día es magnífico y el poniente flojo no levanta ni una ola. A lo largo del día el mar quedará planchado y sin viento, algo que ya sólo conoceremos posteriormente otro día más. La barca navega a 17 nudos y pasamos Karia en treinta minutos. Avistamos por primera vez a los profesionales pescando con compresor y empezamos a preocuparnos por la existencia de pescado.

La sonda localiza buenas piedras entre llanos y las marcamos con un triángulo de boyas fijas. La primera inmersión, sin traje, confirma los catorce metros de fondo, visibilidad de ocho y !un mero de 2,5 kg mirando hacia arriba. ¡ Zafarrancho de combate en la barca que termina con los tres en el agua. No hay fondo y decidimos pescar individualmente pero sin separarse mucho.

Unas piedras impresionantes, con desniveles de 3 m. y cavidades pasantes infestadas de sargos de 500 gr. auguran la existencia de meros. Me meto en una grieta de menos de un metro de ancho que empieza a 10 m. y tiene el fondo a 14,3, con prolongaciones a cada lado. A mi izquierda un mero de 5 kg. se desliza sin pausas en su tana. Esta muy complicado, se ha metido nadando de lado y veo parte de su lomo entre grietas que se cruzan. Desde el lado contrario no hay una posición mejor. Es un refugio muy bueno y adecuado a su tamaño. Después de marcarlo y visitarlo tres veces en dos horas, con resultados similares, lo dejo relajarse casi una hora para la visita definitiva.

Preparo en superficie para aguantar el máximo, ya que sólo habrá una oportunidad. El descenso es hipersilencioso y emboco la grieta cayendo como una hoja muerta. No desprendo ni una burbuja. Debería estar en los alrededores del fondo, preparado para meterse en sus galerías laterales, sobre todo la derecha. Allí esta, de frente. Sigo cayendo lentamente mientras se mantiene mirándome nervioso y como indeciso. Sus aletas pectorales abanican cada vez más rápido mientras caigo lentamente. Entro en distancia mínima de disparo y aguanto dos décimas más. Al mismo tiempo que sale la flecha, él gira brutalmente a la izquierda. Puede que dudase entre ir a su grieta buena, a la derecha, o a la más cercana, a su izquierda. Sea como fuere se ha metido entero bajo la piedra arrastrando la varilla, que le debe haber atravesado lateralmente. La boya le dificulta meterse más y Antonio me ayuda a sacarlo. No sale y en la segunda bajada Antonio se corta la yema del índice derecho con la piedra. Tras algunas bajadas infructuosas investigo otras entradas y veo una por donde podría tocar su cabeza con la mano. Bajo con el fusil de 60 y el gancho o coquelet. Tras unos segundos para asegurar el disparo el mero muere instantáneamente. Aprovecho la misma bajada para asegurar el gancho, en la siguiente soltaré el mosquetón de la primera varilla y extraeré este primer mero africano. Ha costado tiempo y trabajo, pero ya está resuelto.

Aguas claras en los farallones.

Hoy amanece con poniente flojo y probaremos suerte en el cabo. Nos vamos directos hacia la punta del faro y proseguimos un par de puntas más al oeste. A la vuelta ya pescaremos en las zonas protegidas del mar. Hay olas tendidas de 1,5 m., aguas claras y algo de corriente. Los pescadores submarinos locales desaconsejaban salir, pero en comparación con la costa de La Coruña, mi lugar habitual de pesca, lo que hay no es nada. Antonio y Javier también están de acuerdo en que "rasca un poco, pero está perfectamente pescable".

Nada más echarse, Javier y Antonio ven un banco muy numeroso de abadejos entre uno y dos kilos a los que no tiran por considerarlos demasiado pequeños. La visibilidad es de veinte metros y el fondo es impresionante. Javier arponea una lubina de un kilo y medio que se cruza en una caida sobre un abadejo y me la pasa a la barca. Estamos pescando con el esquema de seguridad ya relatado por la profundidad y el oleaje. Se van levantando piezas de más de 2-3 kg, pero el lugar esta muy batido por los pescadores profesionales.

Cambiamos a "yemahuevo", un trozo de costa dominado por una mancha parecida a un huevo frito en la pared perpendicular al mar. Se ven doradas muy huidizas y ninguna en su agujero. En un bajo sobre el que rompe el mar veo un congrio de lo menos ocho kilos al que dejo tranquilo. Ya estamos entrenados y vamos al objetivo del día : los farallones.

Están formados por tres pequeñas islas de unos cuarenta metros de diámetro la mayor y poco alejadas entre sí. El fondo cae vertiginosamente a su alrededor hasta un mínimo de 18 metros. Vamos a pescar en trío alrededor de la grande y luego cambiaremos el esquema. En la segunda bajada hago una espera que atrae a un abadejo de un poco más de dos kilos, se para, me suelto de la pendiente de la que estoy colgado y caigo por mi peso sobre él. Retrocede un metro y aterrizo en el llano a 19 metros, se acerca muy lentamente y muchos segundos después suelto la varilla, que lo traspasa longitudinalmente, impidiéndole cualquier movimiento. Antonio, que me observa desde arriba me recibe con un "ha sido larga la espera ¿ eh?"

Javier mientras tanto tienta a un mero de seis a siete kilos que se resiste a subir y acercarse. Yo lo veo escapar hacia más fondo en una caida. Intentamos encontrar un sargo de más de un kilo entre las docenas que pululan por cualquier grieta, pero los que hay son desconfiados. En las esperas hay sombras de abadejos en el límite de la visibilidad que se acercarían si fuésemos capaces de esperar el doble o el triple de tiempo. Está muy desconfiado el pescado.

En uno de los pocos derribos de piedras que hay veo un bonito mero que se mete en un agujero. Aviso a Javier porque tengo que marcar la zona, hay algo de lipón y 18 metros. Le describo las piedras y da con ellas. Acerco más la boya y me preparo para registrar varias en la misma bajada. En la bajada a hoja muerta antes de llegar al fondo veo el morro del mero que asoma sus ojos para ver. Caigo apuntando y mi varilla se clava entre su labio superior y los orificios nasales, haciendo buena presa pero dejándole toda su fuerza. Afortunadamente el agujero es pequeño y la flecha le impide girarse, saldrá en la siguiente inmersión de entre una nube de polvo. Los farallones están respondiendo a lo que se esperaba.

Estamos investigando una acumulación de piedras en bastante fondo cuando Antonio dispara y aguanta. No se le vé desde arriba y la sensación es de que está prolongando su apnea más de lo habitual. El siempre sube igual de recuperado que cuando baja y debe merecer la pena lo que esta haciendo. Comienzo a ver su aro amarillo del tubo y viene tensando el carrete a tope. Lo primero que dice es !traed la boya¡ y luego "he arponeado un mero de 10 ó 15 kilos". Bajo a tirar mientras se recupera y tensa la boya. Ha encendido la linterna y confundido su cuerpo con una piedra hasta que le ha visto las espinas dorsales, es enorme pero el disparo es lateral y no le ha dañado. Ha disparado porque se giraba hacia las galerías que tiene la cueva. Si las alcanza esto se va a complicar. No se ve absolutamente nada por las suspensiones pero los tirones son contestados por otros más fuertes desde dentro de la cueva. Siguiendo la varilla de siete milímetros se aprecia que esta doblada por dos lugares y completamente inutilizada. Aquí hay algo gordo. Javier se une al grupo y comenzamos a bajar de forma que cuando uno acaba de trabajar en el fondo es reemplazado por otro en pocos segundos. El mero se resiste apoyado en su talla, pero Antonio baja y clava otra varilla en la cabeza que ya sí le molesta. Para él tiene ya más de quince kilos, es un monstruo, es impresionante en tamaño y fuerza pero comienza a ceder. Estoy preparado para comenzar a usar el coquelet cuando Antonio avisa de que intentará cogerlo por la cabeza y sacarlo en esta inmersión. Sube con el animal dando coletazos violentos y aguantándolo por el nylon de la segunda varilla. Es el mero más grande que hemos visto nunca y pesará 31.190 gr. Es marrón, tiene los ojos como pelotas de tenis y en su boca cabe la cabeza de cualquiera. Subimos a la embarcación y nos quedamos contemplándolo en silencio durante un buen rato, como arrepentidos.

Nos cambiamos a los dos islotes pequeños y localizamos una laja entre ambos. Probamos primero alrededor del más grande. Hay que prepararse bien para tener suerte. En una bajada dos meros gemelos de unos 5 kilos me miran en candela y se meten debajo de una piedra aislada al mismo tiempo. Necesito marcaciones o perderé la piedra mientras Javier llega con la boya. Efectivamente la pierdo y necesito cuatro pesadas inmersiones de reconocimiento para volver a verla. En una bajada directa a la cueva veo uno de los meros y lo arponeo lateralmente porque intenta girarse y presentar la cola. La varilla queda prácticamente fuera de la piedra y le impide girarse pero necesito el gancho para tirar de él. Javier no considera que sea necesario otro arpón y tampoco ha localizado al otro mero, que habrá salido asustado. Hay particulas en suspensión alrededor de la piedra, que tiene tres metros de diámetro y uno de altura. Pienso que esta siendo un buen día mientras subo abrazado al mero que ha salido facilmente con el coquelet.

Me quedo en la barca descansando mientras ellos se sumergen en la laja. Hay al menos un nudo de corriente en su parte alta que se notan con turbulencias en superficie que hacen difícil la preparación. Empiezan a hablar entre ellos de una nube de abadejos sobre las piedras a 21 metros y del ruido al huir todos simultáneamente. Le llega el turno de barca a Javier mientras Antonio sube un abadejo de 3 kilogramos. Bajo y veo otro que se acerca por la izquierda, no se acerca demasiado pero pruebo suerte y desgraciadamente el disparo no lo atraviesa, escapando sin problemas sólo con un pinchazo.

Aparecen los dentones por primera vez, y están confiados. Antonio se sumerge y al rato se escucha un disparo. Sube trabajando el carrete y se divisa una pieza plateada que va de un lado a otro. Acaba siendo un dentón de 4,5 kg. capturado en una espera fina a veinte metros. Descenso silencioso con caida en hoja muerta para camuflarse en el fondo seguido de falta de interés en los primeros dentones y disparo al dentón grande, que recibe el impacto en el flanco a pesar de haberle disparado de frente. Felicitaciones ya en el agua. Voy a intentar mi suerte en una espera idéntica pero ya no se acercan. Hay un dentón increíble, una bestia de más de 9 kilos que se mantiene alejada. Antonio repite y tampoco consigue una aproximación, pero los acerca a la pendiente en la que aterrizamos. Bajo de nuevo y los dentones se van paralelos a la pendiente, espero un poco a 17 m. y se acercan manteniendo su dirección hacia más profundidad, me descuelgo y elijo el más cercano en un disparo al límite del alcance. Devana carrete exageradamente mientras retorno a la superficie. No quiero forzar porque temo por la calidad de la presa en su cuerpo. Veo que el disparo le entra por su agalla izquierda y le sale por la boca. Es un dentón de 2,5 kg. que paso inmediatamente a la barca. Ya no habrá más dentones por hoy. El mar nos ha dado mucho y debemos regresar. 

Visitando la corona de bajos del faro.

Es el último día y estamos satisfechos de nuestra excursión y algo saturados de pesca. Antonio ha decidido hacer algunas gestiones y nosotros hacemos tiempo hasta la hora que hemos quedado con Mohamed, que al final nos convence para visitar unas "piedras buenas". Vamos dando tumbos por el levante y llegamos a la vuelta del cabo. Mohamed conecta su DGPS mental y nos echamos encima de un bajo a 14 metros con muy buen aspecto. Javier ve lo menos 200 sargos de entre uno y dos kilos y espera algo mejor (si; eso es posible). Bajo y veo sargos por todos los lados hasta que un abadejo grande, de 6 kg. asoma los ojos y tres centímetros de lomo sobre una cornisita dentro de la distancia ideal. De repente, giro imperceptiblemente el fusil y se oye un terrible "BRUMMMM" de desalojo. Algún pez se puso nervioso y hubo reacción en cadena.

Visitamos otro bajo y sacamos algún abadejo hasta que aparece la gran pieza en la "penúltima bajada". Ya estamos entrenados y sigo la pendiente con la vista a la derecha en mi caida libre. Miro a la izquierda y un enorme mero esta retrocediendo en candela. Es muy grande e intento caer para facilitar un disparo en la cabeza. Igual que había pasado con el mero de Karia gira al tiempo que la varilla lo alcanza, en este caso en la cola. El arpon sólo lo pincha y se mete en su cueva. Subo determinado a sacarlo de allí mientras Javier marca la zona. Mohamed avisa de un pez espada o tiburón pequeño por las inmediaciones, lo que añade cierta emoción a todo el tema. En la excursión anterior, en otro lugar del mediterráneo, ya habíamos pescado con una tintorera de más de dos metros rodeándonos a cuarenta metros de distancia. La cueva esta formada por una piedra enorme apoyada en la pendiente y en tres piedras menores que descansan sobre un gran claro de arena a -24 metros. Investigo el lateral derecho de la entrada principal y veo una salida trasera, no hay nada. Temo que se haya ido por ella. Javier me tranquiliza ya que lo ha visto en un canal que se abre a la izquierda aunque tiene la cola orientada hacia la tercera salida. La preparación es larga porque deberé meterme dentro y hacer buena presa en él. Lo único que me tranquiliza son las dimensiones de la cueva, que no le ayudarán a entocarse, pero me preocupa la profundidad y el tamaño del animal. La bajada es lenta y emboco la enorme entrada triangular de metro y medio de altura. Meto el cuerpo dentro y veo a contraluz contra la tercera salida al mero, es grande y puede espantarse en cualquier momento. Acostumbro los ojos a la oscuridad para no encender la linterna, apunto más de dos segundos y el disparo entra justo de frente entre los ojos y los operculos nasales. Es imposible que se suelte de eso y subo casi sin retener carrete, ya lo tensaré desde arriba.

La idea inicial para sacarlo es por la entrada en que tiene la cola casi a la vista, pero después de varias inmersiones de reconocimiento y pruebas lo mejor parece sacarlo de frente. No voy a usar el fusil sin muerte. Bajo en diagonal por la corriente pero llego justo a la entrada, me meto acercando una mano detrás de otra a la varilla y comienzo a tirar lentamente. No quiero reacciones hasta que salga del canal más estrecho pero responde cimbreando la varilla con bruscos coletazos. Sin embargo el disparo es bueno y consigo extraerlo al exterior. Subo tensando lo mínimo y con cuidado para no enredarme con los metros de carrete y boya que me rodean. Javier me recibe con un gesto de apoyo y nos preparamos para sacar algunas fotos antes de salir para puerto y mañana para Almería. Es la mejor despedida que puede recibirse.

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