Pesca submarina en el pecio de un superpetrolero
Un poco de historia.
Todos recordamos las terribles imágenes del naufragio del barco petrolero "Mar Egeo" en la ria de La Coruña el 3 de Diciembre de 1992 aparecidas en la televisión. En la mente de muchas personas se revivió el desastre ecológico derivado del hundimiento del también petrolero "Urquiola". Una aguja de roca existente en el canal de entrada rajó el fondo del Urquiola cuando intentaba salir de la bahía tras haber tocado fondo una primera vez. Se derramaron decenas de miles de toneladas de petróleo crudo de gran densidad en el medio de la ría. En la segunda catástrofe, el "Mar Egeo" realizaba la maniobra de entrada de noche y con temporal cuando embarrancó a los pies de la Torre de Hércules. Inmensas columnas de fuego y humo, producto de la combustión de parte de las 80.000 toneladas de crudo ligero vertidas oscurecieron literalmente el cielo de la ciudad. Tantos accidentes (Exxon Valdez, Islas Settland, Canal de la Mancha, Oleoducto de Siberia) o delitos manifiestos como la quema de los pozos kuwaitíes y el enterramiento de vertidos nucleares nos deberían hacer conscientes de la magnitud de los atentados ecológicos que sufre el medio ambiente.
La fuerza del mar y de los temporales ha limpiado en cierta medida la zona durante el tiempo transcurrido. La mayoría de las rocas que estuvieron completamente cubiertas de petróleo ya no presentan manchas y la vida comienza afortunadamente a cubrirlas de nuevo. Bajo el agua también puede apreciarse una recuperación de la vegetación y fauna habituales.
Se sabe que los naufragios acaban siendo el habitat de numerosas especies de peces por el inmejorable refugio que ofrecen. Los meros y congrios encabezan la lista y son acompañantes habituales de los buceadores que visitan pecios profundos. También los pescadores conocen algunos restos esparcidos alrededor de bajos peligrosos para la navegación y que forman refugios donde de vez en cuando se captura algún pez excepcional.
Los restos
del "Mar Egeo" ya han sido golpeados por el mar de tal forma que la
popa del barco, concretamente el puente completo descansa fuera de la acción
de las olas normales. Sólo cuando llega un temporal el mar golpea sobre esta
parte del casco, que ha ido arrastrándose sobre los acantilados por donde no
lo habría subido ninguna grúa. Se puede apreciar como ha cambiado la situación
y estado del naufragio en el año que media entre las fotos que acompañan este
reportaje. La parte sumergida también ha experimentado cambios apreciables que
sólo los pescadores submarinos conocen, ya que no es habitual la presencia de
buceadores en la zona, aunque
sería interesante para ellos. (La popa y hélice fueron desguazadas en 1998)
Un paisaje submarino espectacular.
Estos pedazos que descansan sobre el fondo ofrecen imágenes nuevas para un pescador. El barco tenía una gran eslora y de ella se desprendieron algunas chapas de casi 100 metros cuadrados de superficie que ofrecen refugio a la fauna habitual de la zona, especialmente a los sargos, las grandes lubinas y los pintos. Las diferentes técnicas (espera, agujero, caída, etc) son aplicables y un pescador con recursos experimentará nuevas sensaciones interesantes.
En cualquier caso es una pesca peligrosa que debe ser practicada con garantías de seguridad. Sería un error pescar en solitario o forzar las situaciones, ya que por las propias características del hierro retorcido y golpeado las posibilidades de engancharse son elevadas si no se actúa con cuidado. También hay que tener en cuenta el efecto del mar de fondo que actúa creando movimientos de agua entre las cavidades que pueden absorber a un pescador descuidado o empujarlo hacia donde se enganchará fácilmente. Es preciso tener especial atención a trabar las aletas haciendo una espera, prender la cinta de las gafas o el tubo moviendo la cabeza en los agujeros, la goma de la linterna (nunca una cuerda) al apoyar la mano, etc.
Un peligro añadido es la reducida visibilidad generada por la corrosión del hierro. Hay gran cantidad de partículas muy pequeñas de óxido que se añaden a las normales en estas aguas y que disminuyen aún más la visión, sobre todo en los metros más cercanos al fondo. Este mismo óxido manchará los trajes si nos apoyamos demasiado en las planchas.
Cuando el mar permite pescar es fácil acceder al agua desde tierra, por lo que hay bastante movimiento de pescadores submarinos y con caña en todo el perímetro de la península de la Torre de Hércules. Lo habitual para visitar la zona por tierra es bajar por una de las dos ensenadas que hay a cada lado de la propia torre.
Los lugares más interesantes.
Si nos fijamos
en el gráfico podemos hacernos una idea muy clara de la situación de ciertos
restos y de posibles rutas para visitarlos. Sobre la carta náutica de la zona
se han dibujado tres posibles recorridos, numerados del uno al tres, visitando
las mejores zonas. La existencia de pesca se indican mediante siluetas de peces,
de forma que cuanto más grande es la silueta, mejores posibilidades ofrece el
lugar marcado. La situación de los restos sobre los que se centra este reportaje
se encuentra también marcada sobre la carta.
Para ver
lo más interesante hay que sopesar simultáneamente la presencia de pescado y
el paisaje submarino. En cuanto a las formaciones que merecen una visita pueden
citarse la hélice del barco (marcada con el número 3), la plancha grande de
La Galera (1) y el pedazo de puente existente entre este bajo y tierra (2).
También el motor, cercano a donde está la hélice es impresionante, ya que descansa
verticalmente sus 8 metros de altura con todo el juego de enormes bielas perfectamente
visible. En cuanto al pescado también podrían estudiarse dos aspectos, primero
aquellos pedazos de casco que atraen pescado y posteriormente las zonas "calientes"
desde siempre.
Un lugar
de sencillo acceso que combina todo lo anterior podría ser la plancha de
La Galera, que tiene interés por los enormes sargos que atrae y como formación
sumergida. Está situada en la parte más hacia mar abierto de esta pequeña isla
de unos 40 metros de largo. La parte menos profunda se sitúa sobre los 12 metros
y los últimos pedazos caen a más de 16. En total discurre paralelamente a la
piedra unos 20 metros mientras que a lo ancho tendrá desde los 3 hasta los 6
metros. Por debajo hay bastante espacio y cavidades pasantes para dar seguridad
a los sargos, que pueden estar al abrigo del mar y además esconderse rápidamente.
En estas condiciones es aconsejable acercarse con sigilo y no pensarselo dos
veces para alcanzar al pez más cercano a la entrada. Un instante de duda para
cambiar el objetivo conducirá en muchas ocasiones a que todo el pescado desaparezca
y no podamos realizar ningún disparo.
Rutas de pesca saliendo desde tierra.
Comenzamos describiendo la ruta 1, la más relacionada con el barco. Como ya se comentó hay posibilidad de acercarse con el coche lo suficiente para realizar una cómoda bajada al mar, excepto en los últimos metros, en donde habrá que bajar por las piedras con cuidado pero sin problemas.
En la Torre de Hércules el mar tiene que estar muy bueno para poder pescar, en caso contrario más vale abstenerse. Tampoco es una zona para personas que comienzan ya que combina ciertos riegos que deben reducirse con la prudencia y la experiencia.
Se accede al agua a pocos metros de los restos del puente y hay unos 250 metros hasta "La galera". Se aconseja una visita a la hélice para realizar unas esperas a las lubinas y contemplar imágenes impresionantes. Después no está fuera de lugar practicar la pesca al agujero buscando pintos, combinada con esperas profundas para atraer a abadejos. En estas esperas podremos distraernos contemplando detenidamente los restos, un recurso que nos permitirá ampliar nuestra apnea bastantes segundos extra.
Las paredes de La Galera caen rápidamente hasta los catorce metros y en estas caídas es muy posible sorprender a un sargo comiendo de la piedra. Hay que ser sigiloso y estar muy atento a los recovecos porque en cuanto nos detecten su arrancada impedirá cualquier reacción por nuestra parte. También es aconsejable investigar los agujeros del talud existente entre los 14 y los 18 metros buscando pescado que haya subido a marisquear. Para los más avezados hay profundidad sin límite unos cuantos metros más hacia mar afuera, y en los veinte metros comienza el verdadero territorio de los grandes pintos denominados localmente "cabezones".
Casi al
final de la pared nos encontremos con una de las planchas más grandes del petrolero.
La ya descrita "plancha de La Galera". Es precisa una preparación
perfecta ya que no será fácil obtener una segunda oportunidad para disparar
en su interior. Es muy aconsejable el carrete porque es habitual enganchar la
varilla y un sargo de más de dos kilos puede arrastrarla hacia zonas fuera del
alcance e incluso de la visión del pescador. Hay algunos espacios entre la plancha
y la pared en donde puede introducirse el fusil sin problemas pero parece mejor
hacer una mini-espera previa frente al agujero por si alguno saliese a mirar.
Será preciso bajar varias veces para observar por múltiples agujeros tratando
de alcanzar al pescado. Hay que procurar estar tranquilos, ya que si pensamos
que abandonarán el agujero
al vernos (lo cual es cierto) nos sentiremos tentados a reducir el tiempo de
recuperación a menos de lo aconsejable.
Para rematar la ruta hay, muy cerca de esta plancha, los restos de una cubierta con sus ojos de buey todavía colocados (marca número 2). Es posible introducirse en ella por su gran amplitud y sorprender a alguna maragota o pinto respetable en su interior o disparando a través de los agujeros en las planchas.
Las rutas 2 y 3 no visitan prácticamente restos sumergidos y se centran en las zonas calientes de pescado desde siempre. Para los amantes de la pesca al agujero, sobre todo de sargos de tamaño normal, la recomendada es la 3. Toda la zona recorrida tiene muy poco fondo y esta formada por un talud de grandes bloques de no menos de 150 por 100 metros en donde pululan los sargos. En las caídas del talud también puede atraparse alguno comiendo de la pared o tentar a las lubinas que cazan con esperas. A lo largo de este recorrido la táctica más rentable y facilitada por la mínima profundidad será elevar el ritmo al máximo.
Para los que prefieren las emociones de la profundidad o de las grandes lubinas de más de 3 ó 4 kg lo mejor es seguir la ruta 2 y acercarse al bajo "El Buey". En su parte exterior hay una gran grieta que cae hacia mucho fondo donde es habitual la presencia de róbalos (lubinas) de peso fuera de lo normal. La técnica es la espera y un valor seguro es intentar que salgan de la espuma que habitualmente cubre la zona de menos fondo de la grieta. Los profundistas tienen su coto en las caídas del bajo "El Becerro", prácticamente verticales en algunos costados y querencia de los mayores pintos y maragotas de los alrededores. Allí puede uno sumergirse a placer y experimentar la apnea profunda cuando el mar lo permite ya que aquí también es donde bate más la ola.
Fernando Abella 1997
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